Juan el Bautista señala al Mesías

Reflexión dominical: Deut. 18:15-19 | Filip. 4:4-7 | Juan 1:19-28

La venida de Dios en todo su poder revelado en el monte Sinaí fue espeluznante para el pueblo de Israel. La voz atronadora del Señor hace temer la muerte a los pecadores (Deuteronomio 18:15-19).

Por eso, Dios levantó un profeta como Moisés: el Mesías, el Cristo. Dios vino a Su pueblo velado en carne humana. Los cielos derramaron del cielo al Justo; la tierra abrió sus entrañas y dio a luz la Salvación por medio de la bienaventurada Virgen María, la madre del Señor y Madre de Dios (Lucas 1:39-56).

El fruto de su vientre es el mismo Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, Aquel cuya correa de sandalia Juan no era digno de desatar (Juan 1:19-28). En Jesús somos liberados del miedo y de toda ansiedad. Sólo en Él tenemos la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:4-7).

Autor: Reverendo Mario Sánchez Caballero

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